ENCUESTA HÁBITOS DE LECTURA

Acaba de hacerse pública una encuesta del Ministerio de Cultura que ha dejado sorprendidos a propios y a extraños. Acostumbrados a que prácticamente ningún español había leído ni medio libro al año, en esta ocasión 6 de cada 5 han leído uno, y la mayoría de ellos de los que no tienen dibujos.

“Hemos notado un descenso en la venta de revistas del corazón, pues inexplicablemente el público se ha dado cuenta de que saber quién se acuesta con quien no aportaba nada a nadie. En cuanto a la prensa rosa masculina (Diario Marca, As, Sport), ha llegado un punto de que era demasiado complicado justificar la venta de las mismas durante todos los días de la semana aunque ni siquiera hubiera partidos. El público potencial de estas publicaciones hasta ahora no había caído en la cuenta y muchos han preferido comprar solo estos diarios rosa los domingos, y al tener libre el resto de la semana han decidido coger un libro.

Hasta ahora, ante la pregunta ¿Por qué no ha leído un libro? La respuesta más común era: porque no tenía tiempo. Y en cuanto a la segunda parte de la pregunta ¿a qué dedicaba usted entonces los momentos libres del día?, las dos respuestas más comunes eran: a ver la tele o a visitar un centro comercial.

Pero sin duda alguna la gran sorpresa ha saltado en un pequeño pueblo de unos 2000 habitantes donde el porcentaje de lectores ha pasado del 1% a prácticamente rozar el 100% de la población. “Todo empezó, nos dice una de las lugareñas, cuando, tras una tormenta, se nos rompió uno de los módulos del repetidor y durante unos días no pudimos sintonizar TELE5″.

Feliz Día de los Inocentes.
¡Un abrazo!

Los seres humanos somos capaces de…

En la imagen que ilustra este pequeño artículo podemos distinguir, entre el blanco y negro que ahora mismo emborrona nuestro alrededor, unas gotas de color en forma de niña.

Un pequeña que, al igual que nosotros, no acaba de entender qué ha ocurrido. Que se hará preguntas del tipo ¿mamá, esas personas se han ido para siempre? Preguntas dolorosas que tendrán respuestas aún más dolorosas. Un pequeña que, sin saberlo, al sostener esa vela entre sus manos, nos está ayudando.

Pues ella, con el pasar de los días, de los meses, de los años… irá descubriendo a esa maestra que se esforzará para que aprenda cosas nuevas; a ese abuelo que la abrazará en el interior de un sofá mientras ven cualquier cosa en la tele; a ese chico que le enviará millones de corazones por whatsapp; a esa mascota que moverá la cola con solo verla entrar por la puerta; a esa madre que le cogerá fuerte de la mano cuando estén en la parte más alta de una montaña rusa…

Descubrirá también las caricias, esas que nos rozan el alma;
y los abrazos, esos que nos sostienen cuando nos invade el miedo;
y los besos, esos que atrapan el amor entre los labios…
y descubrirá la poesía, y los cuentos, y la música,
y las flores, y los columpios, y la pintura,
y el amor,
y la amistad,
y la libertad,
y la felicidad,
y la risa, sobre todo, la risa.

Será ella, esa niña, la que nos recordará, cada día,
que el ser humano es capaz de todas esas cosas tan bonitas…

D.E.P. PARÍS.

El regalo

Una maestra, en el día de su cumpleaños, estaba abriendo todos los regalos que le habían hecho cuando, de pronto, se le acercó una niña que llevaba una pequeña flor naranja en su mano.

-Vaya -dijo la maestra sorprendida al verla- ¿dónde has encontrado esa flor tan bonita?
-Bueno, en realidad no la he encontrado, he ido a buscarla. Esta es una flor que solo crece en las partes más alejadas del bosque, justo a la orilla del lago.

La profesora sabía que el lago estaba a unos seis kilómetros de distancia de la escuela y que aquella niña habría tardado horas en conseguir la flor.
Se emocionó tanto que no pudo evitar derramar unas lágrimas.

-Muchas gracias, muchas gracias, es un detalle tan, tan bonito, pero no debiste ir tan lejos para buscarme un regalo.
-Bueno -contestó la niña- eso también forma parte del regalo.

Eloy Moreno. Adaptación cuento sufí.
Incluído en “Cuentos para entender el mundo”
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¿Aún quieres salvarlos?

Decía Freud que la mejor prueba de que existe vida inteligente en otros planetas es que aún no han venido a visitarnos. Einstein añadía que solo había dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana, y que del universo no estaba del todo seguro.

Si buscan pruebas de esto, lo tienen fácil, solo tienen que mirar alrededor. Por ejemplo, lo que ustedes ven en la imagen es la última moda en tatuajes, ‘Sunburn Art’ se llama, y así, resumiendo, consiste en ponerse algún dibujo o plantilla sobre la piel y tostarse al sol como una morcilla. Entonces, cuando la piel haya adquirido el color ampolla, usted retira lo que se ha puesto y el contraste entre la piel blanca y la quemada -de momento- aparece un tatuaje, lo del cáncer de piel ya vendrá unos años más tarde.

Al observar este dibujo, casualidades de la vida, me vino a la mente que el otro día vi la película de “El caballero oscuro“, en ella hay un un interesante diálogo entre Batman y su antagonista, este último expone su visión de la sociedad, intentando que el héroe desista de su misión de ayudar a la gente: ¿para qué tanto esfuerzo si cuando las cosas se tuerzan esos civilizados se matarán entre ellos? ¿de verdad te merece la pena salvarlos?

Por eso he llegado a la conclusión de que si Batman existiera y viera gente matándose saltando de un balcón a otro, presumiendo de ir en moto sin casco, en coche sin cinturón, fumando mientras tienen a un bebé en su interior, o quemándose la piel de esta forma… creo, sin duda, que nos dejaría morir a todos.

Es que no tuve estudios.

En cuanto he compartido en Twitter esta frase: Escribir con faltas de ortografía es como hablar con mal aliento, sabía que no tardaría mucho en llegar la típica respuesta: “Eloy, no me gusta esa frase pues hay gente que no hemos tenido la oportunidad de estudiar”.

Y entonces he pensado: pero eso sería en su momento, ¿no? Y desde entonces hasta ahora, en 10, 20, 30 años… ¿no has podido aprender las reglas básicas de ortografía? No estamos hablando de ser expertos, estamos hablando de saber poner la v y la b donde corresponde, de diferenciar entre haber y a ver, en poner la h cuando toca… vamos, lo básico.

Somos capaces de sacarnos el carnet de conducir, de manejar perfectamente un móvil o cualquier cacharro tecnológico, de utilizar la banca por internet, de memorizar la alineación entera de un equipo de fútbol o todos los exmaridos que tiene la famosa de turno… y en cambio no somos capaces de aprender la ortografía básica. No me lo creo.

¿Cómo es posible entonces que una persona extranjera que comience a estudiar nuestro idioma cometa menos faltas de ortografía que muchos de nosotros? ¿Son más inteligentes? No, simplemente se fijan, leen, tienen interés… y lo más importante de todo: se esfuerzan.

Y ahí es cuando llegamos a nuestro talón de Aquiles, porque entre la opción de esforzarse y dedicarle tiempo a algo que nos va a servir para el resto de nuestra vida, o excusarse en que uno no ha tenido estudios, es mucho más fácil hacer lo segundo. Sin duda.

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P.D.: Bertie Gladwin, “El hecho de que me graduara a los 90 años en la Universidad de Buckingham en la carrera de historia puede hacer pensar a la gente que he empezado tarde, pero a veces las cosas no tienen por qué suceder al momento”

¿Qué es la felicidad?

¿Qué es la felicidad?

Me preguntó de repente,
como quien pregunta a qué altura está el cielo,
qué forma tiene el agua,
o de qué color es el viento.

Son preguntas muy grandes,
para alguien tan pequeña, le dije sonriendo.

Agarré con fuerza sus manos y
mientras yo giraba sobre mi propio cuerpo
comencé a levantarla del suelo.

Y giramos: ella gritando, yo riendo.
Y giramos: ella riendo, yo gritando.
Y giramos, y giramos, y giramos…
Ella sintiéndose segura sabiendo que no la soltaría.
Yo apretando en mis manos lo que más quería en el universo.

Y fue en ese momento,
mientras le dábamos mil vueltas al mundo,
cuando le contesté: la felicidad es esto.

Eloy Moreno – www.eloymoreno.com

El anillo del equilibrio

Existía, en un país muy lejano, un rey que no era capaz de mantener el equilibrio entre la alegría y la tristeza. Cuando algo bueno le sucedía, no cabía en sí de gozo y lo celebraba por todo lo alto; pero, en cambio, cuando algo malo ocurría, se deprimía tanto que pasaba varios días en cama.
Harto de esta situación, prometió mil monedas de oro a aquella persona capaz de fabricar un anillo que le ayudara a tolerar mejor las malas situaciones y a no celebrar de forma tan exagerada las buenas. Un anillo para encontrar el equilibrio en sus emociones.

Durante semanas fueron pasando por palacio famosos joyeros, magos, hechiceros, artesanos… Todos le trajeron anillos distintos: fundidos en oro, en plata, con piedras preciosas, de distintas formas… pero ninguno de ellos era capaz de proporcionar al rey el equilibrio que necesitaba.

Cuando habían pasado ya casi dos meses y todos se habían dado por vencidos, llegó al reino un viajero que solicitó audiencia.
-¿Qué deseáis? -le preguntaron los guardias.
-Quiero ver a su majestad, pues tengo el anillo que está buscando

Aquel viajero entró en palacio ante la mirada de todos los cortesanos. Avanzó lentamente hasta el trono y, con una voz suave, dijo:
-Majestad, tengo aquí el anillo que necesita. A mí me ha servido desde hace años para mantener el equilibrio. Cada vez que me encontraba muy triste o muy alegre, lo observaba durante unos minutos.

Lentamente se lo quitó para dárselo al rey.

Este, nada más cogerlo, se dio cuenta de que era un simple anillo de bronce, sin ningún valor económico aparente y sin ninguna característica especial hasta que, de pronto, se quedó mirando las tres palabras que había escritas en su superficie. Las leyó, sonrió y se lo puso.
-Gracias, viajero, este es justo el anillo que necesito.

Y dirigiéndose a todos los cortesanos exclamó.
-Este hombre ha traído el anillo que tanto tiempo he estado buscando. Un simple anillo de bronce, un anillo que tiene tres palabras escritas, las mismas tres palabras que quiero que a partir de ahora se incluyan en mi escudo real: “Esto también pasará”.

Eloy Moreno. Adaptación cuento popular.
Este cuento está incluído en el libro “Cuentos para entender el mundo”
Si quieres puedes conseguir el libro conseguirlo firmado y dedicado aquí:
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El árbol de los deseos

Un viajero llevaba ya varias horas caminando cuando, a lo lejos, vio un precioso árbol en el que cobijarse del sol.
Una vez allí se tumbó bajo su sombra y se sorprendió de lo bien que se encontraba. Comenzó a imaginar lo maravilloso que sería disponer de un cesto con comida para mitigar el hambre que traía. Y, de pronto, a sus pies, apareció un gran cesto con queso, pan, aceite…

-¡Vaya! -exclamó, este debe ser uno de esos árboles de los deseos que dicen que hay por la zona, ¡qué suerte he tenido!

Mientas comía se imaginó también bebiendo un buen vino. Visualizó cómo llenaba una copa y se la llevaba a la boca. Visualizó que el vino entraba en su garganta y llegaba hasta el estómago.

Y en ese mismo instante, una botella de vino apareció junto a él.
El hombre no se lo podía creer, todo lo que imaginaba, todo lo que visualizaba en su mente se convertía en realidad.

Había acabado ya de comer y se dio cuenta de que, aun estando bajo la sombra del árbol, tenía mucho calor, pues el sol castigaba fuerte esas tierras.
Comenzó a imaginar lo bien que se encon-traría si aparecieran unas cuantas nubes en el cielo y soplase una suave brisa. Con los ojos cerrados lo visualizó de tal manera que, poco a poco, fue sintiéndolo.
En cuanto los abrió descubrió que el viento estaba empujando las pocas nubes que había y estas estaban tapando el sol.

Le habían hablado muchas veces de esos árboles de los deseos pero jamás pensó que los rumores eran reales.
Estaba tan bien allí que decidió que era un buen momento para dormir una siesta antes de continuar su camino. Pero cuando empezaba a

dormirse se dio cuenta de que aquella era una zona solitaria en la que solían frecuentar tigres.
Comenzó a tener miedo, no paraba de temblar al imaginar que venía un tigre y le atacaba.
Y justo en ese momento apareció un tigre y se lo comió.

Eloy Moreno. Adaptación cuento de A. de Mello.
Incluído en “Cuentos para entender el mundo”
Puedes conseguir el libro firmado y dedicado aquí:
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La verdadera riqueza

Un monje, tras caminar durante todo el día por el bosque, había llegado a las afueras de una pequeña ciudad justo cuando ya comenzaba a anochecer. Como el tiempo era bueno, decidió pasar la noche bajo un árbol, a la luz de las estrellas.
Cuando ya se había acomodado y se disponía a cenar algo, observó a un campesino que se dirigía hacia él a toda prisa.

En cuanto el hombre llegó a su altura lo primero que hizo fue gritarle.
-¡Necesito la riqueza! ¡Dámela! ¡Dámela! -le imploró en voz alta.
-¿La riqueza? ¿Qué riqueza? No te entiendo -contestó el monje sorprendido-, tranquilízate, no sé de qué me estás hablando.
-Sí, la riqueza, la riqueza… ¡la necesito! -volvió a gritar- La noche pasada soñé que un monje iba a llegar a la ciudad, que se sentaría justamente bajo este árbol y que me daría una riqueza tan enorme que me duraría para toda la vida! ¡Y la quiero, la quiero, dámela!

El monje dejó la cena a un lado y asintió. Buscó entre sus bolsas y finalmente introdujo su mano en el interior de una de ellas.
-Sí, aquí está, creo que esto es lo que buscas. Lo encontré ayer cuando venía hacia aquí- y tranquilamente se lo entregó al campesino.
-¡Vaya! -exclamó este- ¡Es un diamante, es un diamante! ¡Es el diamante más grande que he visto nunca! ¡Es increíble!

Lo observó durante unos instantes.
-¿Es para mí? ¿De verdad puedo quedár-melo? -dijo finalmente.
-Sí, claro -le contestó el monje-, si lo que has soñado es cierto, significa que esa riqueza que debo darte es este diamante.
-Gracias, gracias, gracias. ¡Muchas gracias! -y se fue corriendo.

El campesino llegó a su casa y, nada más entrar, cerró la puerta con llave. Se fue a su dormitorio, sacó el diamante y lo estuvo acariciando. Al rato se dio cuenta de lo que tenía entre las manos y, asustado, cerró la ventana y apagó la luz.

Pero aquella noche apenas pudo dormir. Se mantuvo despierto con la joya aferrada entre sus manos y con un hacha bajo la cama por si alguien venía a quitársela.

Al día siguiente, cogió el diamante, lo metió en una bolsa y se dirigió de nuevo hacia el árbol con la esperanza de que el monje aún no se hubiera marchado.
Afortunadamente seguía allí, en el mismo lugar, sentado sobre su manta.
-Buenos días, monje, vengo a devolverte esto, no lo quiero. En realidad creo que no es esta la riqueza que tenías que darme, quiero que me enseñes la otra.
-¿La otra? ¿A qué otra riqueza te refieres? -le contestó el monje.
-A la que te ha permitido desprenderte con tanta facilidad de este diamante.

Eloy Moreno. Adaptación cuento de A. de Mello.
Incluído en “Cuentos para entender el mundo”
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Trabajar, hacer, crecer y esperar a que un niño muera.

Durante los últimos meses, gracias al libro de cuentos, he tenido la oportunidad de ir a varios colegios de mi comunidad para charlar con centenares de niños. Es en ese momento cuando uno se da cuenta de la  importancia que le dan los políticos a la educación de nuestros hijos. Como diría Roy Batty en Blade Runner he visto cosas que vosotros no creeríais: niños dando clase en el suelo, colegios sin aire acondicionado ni calefacción, instalaciones que se caen a trozos y equipamientos del siglo XIX.

Pero si hay un colegio que me llamó especialmente la atención fue el de la población de Rojales (Alicante), el CEIP Príncipe de España, se llama, nada menos. En el propio colegio han creado una campaña que han denominado: S.O.S. COLEGIO EN RUINAS, NIÑOS EN PELIGRO.

No os voy a decir todo lo que hay allí porque daría para una novela pero a modo de resumen: las aulas tienen goteras y no hay calefacción, los niños se calientan con estufas, pero si se enciende una estufa en una clase, en la de al lado no pueden encenderla debido a la deficiente instalación eléctrica. Hay además fosas sépticas cuya agua rezuma en el patio y en las aulas.

El 27 de septiembre de 2012 cayó una piedra de 20 kg de una cornisa en un patio donde los niños hacen fila para entrar a clase, afortunadamente ese día no salieron porque llovió muchísimo. El Ayuntamiento retiró las cornisas.

El 15 de marzo de 2013, hubo un nuevo desprendimiento de piedras en otro patio, esta vez interior, que fue clausurado. Los pilares tienen aluminosis y los azulejos se caen constantemente. Hay trozos de telas y cartones que hacen la vez de cortinas y ventanas.

Hay un informe del Cuerpo de Bomberos (2005) donde se determina que el Colegio no está en condiciones de ser habitado. Se ha denunciado al Síndic de Greuges en diversas ocasiones y han respondido que el Centro no se ajusta a la normativa actual en cuestión de seguridad.

Se han dirigido en innumerables ocasiones a los diferentes Conselleres de Educación, incluída la actual Mª José Catalá, que, por cierto, ha sido invitada muchas veces y no se ha personado jamás. Llevan haciendo manifestaciones, reivindicaciones, encierros de padres en el Centro, prensa, radio, televisión…

Han visitado la Consellería de Educación, cuya cita se les ha dado muchos meses después de pedirla e insistir mucho pero nunca nos ha recibido la Consellera, solo el delegado de turno.

Han hecho camisetas cuyo lema es: SOS.COLEGIO EN RUINAS. NIÑOS EN PELIGRO. ROJALES. Con estas camisetas acuden todos los jueves al Centro para que nos se olviden de ellos.

En 2012 se pidió a Consellería y al Ayuntamiento un documento firmado donde se firmara que la estancia en el colegio no revestía peligrosidad y que se  responsabilizaban si ocurría una desgracia. Ninguno ha respondido

Y a mí me han pedido si podía hacer algo, y a parte de indignarme he escrito este artículo, ojalá sirva.